Carta para la poesía chilena en ruinas a partir de Superhéroe de Gonzalo David

[Por Tito Manfred]

“You’ll see the boy you loved start burning in the sky”
White Lies – Fifty on Our Foreheads
(Onda, para hincharle las pelotas al Gonzalo,
que está cansado de las frasecitas en inglés,
harto de traducir al español.)

Querida poesía chilena en ruinas:

Hola, cómo estái poh. No muy bien, por lo que veo. Estái fea, agotada, hedionda, hecha mierda, la salud no te acompaña. Definitivamente, ya pasaron tus mejores años. Atrás quedó tu siglo de oro. Si alguna vez fuiste el campo de batalla de Neruda versus Huidobro o de Neruda versus De Rokha o de Mistral versus la chusmería ignorante de Chile, ahora erís el pobre escenario en que perras y zorras se sacan los ojos vía Letras.s5. Pero allá tú con tu decadencia y tu podredumbre. No te escribo para decirte lo que ya sabes.

Ya, te cuento: el Gonzalo David me pidió el otro día que presente su libro en el lanzamiento en Valpo. Creo que van a haber dos presentadores más. Ni uno ni dos, ¡tres presentadores! Así es ese loco, no se anda con chicas. Complejo de superhéroe, supongo. O a lo mejor se le pasó la mano con la sal de tan cansado que está como yo del circo pobre de la escena poética shilensis y de la sillita musical en que los siete pelagatos que publican libros de poesía son los mismos siete pelagatos que después leen, presentan o reseñan esos mismos libros. Qué manera de tener callosas las palmas de las manos de tanto sobarse las espaldas unos con otros. Qué manera de chuparse el pico unos con otros. Que alguien dinamite esas sillas clavadas al piso y que el viento haga el resto, por favor. Y no hablo desde el odio sino desde la higiene. Sí, es cierto, antes odiaba a esos hueones; ahora simplemente me río de ellos y les agradezco que me señalen por oposición el camino a seguir.

Bueno, como te iba contando, Gonzalo me invitó a presentar su libro y yo acepté al tiro de puro entusiasta. La cagué, ¿cierto? Lo digo porque ahora voy a tener que leer de nuevo Superhéroe, y tú sabís que ese libro culiao me deja mal, como sólo son capaces de hacerlo los libros hermosos de tan horrendos y suicidas. Y pienso inevitablemente en Gran Avenida de Gladys González y en El Baile de los Niños de Diego Ramírez y en algunos textos de Pablo Paredes y en la fiesta interminable de la más reciente poesía argentina. Pero más allá de los referentes y las influencias y la intertextualidad, el punto es otro: resulta imposible al lector no empatizar con el muchacho sin traje de superhéroe a la medida y reconocerse en él. Así me pasó a mí al menos y así me volverá a pasar cuando lea una vez más el libro. Quizás exagero víctima de la fiebre, pero Superhéroe es una rajadura en el alma que no tengo pero soñé y, si de mí dependiera, no volvería a leerlo en mi puta vida. Por eso, de no haber un cambio de última hora, la presentación va a comenzar así: “Y aquí vamos otra vez, me digo presa de mis miedos de animal alfabetizado para sangrar”. Como un poema, ¿cachái? Pero, no sé, lo encuentro medio fome. Además, Superhéroe no es poesía sino otra cosa, así que sería como chancho en misa presentar así el libro, ¿no creís?

En fin, el tema es que cuando creía que Superhéroe ya era un capítulo cerrado en la novelita de terror de mis lecturas pavorosas, aquí estoy de nuevo, muriéndome de frío en la ruta que va de Santiago a San Fernando o de San Fernando a Santiago (da igual, no hay forma de llegar a destino). Que no se mal entienda, pero esto es como un mal sueño que se repite y se repite y se repite, cada vez más terrible, cada vez más nítido, con cada relectura. Abril, los chicos que no lloran, el hombrebomba, la chica rara de los paraderos tristes de Gran Avenida, Courtney Love, Sarah Kane, Gracia y el Forastero, el niño muerto muerto (y cada una de sus transformaciones)… Todos, todos ellos se me aparecerán nuevamente con la claridad de las pesadillas, y eso es algo que no quiero.

Pero ya es demasiado tarde. El lanzamiento será dentro de pocos días, así que debiera dedicarme a terminar de escribir la presentación. No sé muy bien qué más decir aparte de mi terror a que vuelvan a sangrarme los ojos de sólo leer las crónicas del chico de San Fernando que veía Smallville para soñarse otro y salirse de sí mismo. Es raro escribir de un libro que quiero y odio tanto y que siento tan mío, así como siento mío Donnie Darko. Algún día voy a escribir la reescritura poética de esa película y mi principal referente será Superhéroe de Gonzalo David. Ve esa película y tal vez entiendas un poco de qué hablo o a qué le he hecho el quite de hablar. Pero que te quede claro que Gonzalo no es un mesías ni vino en tu rescate, poesía chilena en ruinas. Tú no tienes salvación. A ti hay que prenderte fuego para que te termines de morir bien muerta. Una vez conseguido eso, podremos empezar a construir una nueva nación, la pequeña gran poesía del Chile que nunca será, y recordaremos con emoción el gesto de Gonzalo y cómo se inmoló por todos nosotros.

Tito Manfred
Valparaíso, 16 de julio de 2011

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