Superman con labio leporino. Sobre Superhéroe de Gonzalo David.

[La Liga de la Justicia Ediciones, 2011]

[Por Pablo Paredes]

Las líneas de autoría en Gonzalo son felizmente difusas. Tienden a los paisajes más que a los países; debe ser por ese devenir en patineta que mancha de luz la foto tomada de noche. Me gustan esas fotos en donde los objetos no se terminan // Este libro es y no es de David, es más, este libro es este libro y también otro libro que habla sobre este libro. Me encontré con varios amigos por ahí. La poética neofauna latinoamericana aparece incluso para atinadamente destrozar el castellano con un portugués que perturba como alguien que pasa por la calle y que es brutalmente parecido a nosotros y que, sin embargo, no sabemos cómo hablarle.

Mi primer párrafo también puede ser algo difuso, lo sé. Vamos por partes:

Primero, la presencia de otros poetas colándose entre los versos de David no es una lectura de subtexto, sino una declaración textual del autor no-autor que despliega sus versiones de Gladys González o Diego Ramírez —y quizás de mí mismo— que, apócrifos, acompañan este vuelo de superman, surgiendo así el Frankenstein davidiano que tiene una consigna clarísima e interesantísima que quizás podríamos sintetizar como: Halloween también es Chile.

Cito a Gonzalo dialogando con Gladys: “Uno le dice al otro que no son los únicos en esos años furiosos y bastardos, le dice que conoció a una chica rara, mirando el mundo con fobia, habitando los paraderos tristes de gran avenida”.

Segundo, el texto se mira a sí mismo desde ojos de otros autores; ese diálogo que generalmente habita fuera del libro, aquí vive adentro, de manera prologolar o ensayística. Reconozco que esto me perturba algo y declaro que la perturbación debe ser la vocación de cualquier poemario escrito hoy.

Cito a Arnaldo Donoso y su participación en Superhéroe: “El superhéroe guarda un secreto que provoca en él aislamiento, travestismo, disfraz y devenir. La perfección de su accionar depende del secreto. La inocencia también tiene que ver con eso”.

Tercero, el territorio del Superhéroe este es el Cielo de Latinoamérica y, para esto, David no recurre a una canción de Los Jaivas. Su Latin-épica se estructura a través de la presencia de comentarios de poetas sudamericanos sobre el libro que presentamos, puestos aquí sin rotular ni como prólogo ni como epílogo, es decir, rompiendo una convención, lo que es sin duda más cosa de los bátmanes que de los supermanes que habitan en Gonzalo. Pasan por acá la fantástica poeta argentina Amalia Gieschen y la brasilera Ana Rüsche, que cierra el discurso de Gonzalo y a quien aludía en mi primer párrafo.

Cito a Amalia en unos de los textos que comienzan a cerrar el libro de David: “La granada nunca estalló. Para colmo de males, yo diría que el álter ego de David ama su bastardía. David no se suma a los grandes épicos chilenos actuales que pueden desgarrar sus vestiduras ante el soberano público. Están todos disfrazados menos él. Gonzalo está solo”.

Ahora bien, no todo en este texto es la subversión del palimpsesto de una tribu que con distintos nombres/apellidos se despliegan bajo el ritual del joven sacerdote. Hay una intimidad que punza claramente desde páginas clave. Es ahí en donde Gonzalo David —no diré hablante, porque cada vez más ese término me causa horror—, retomo, es ahí donde Gonzalo David está más destrozado y podemos verlo completo, para luego observar cómo se desvanece a gusto en el cielo de estos supermanes de labio leporino.

                   Cito a David:
“como unos fotologs que ya nadie visita
como el título hollywoodense de unas hojas que nadie quiere leer
como un meteorito en el patio de mi casa
como la teen porno de gracia que no podría ser otra
como las promesas que se esfumaron después de unos meses
como el pdf para mi democracia en ruinas”

Por último, me permito discutir, o más bien poner una nota al pie bajo el texto de mi querida Amalia, que dice sobre el texto de Gonzalo en el libro de David: “Últimamente, pienso que escribir poesía es algo así como hacer premoniciones sobre el mundo terrible con el que el poeta va a lidiar. Donde pone el ojo, pone la bala con la que se va a suicidar”. Mi nota al pie diría: eso era antes de esta cosa que algunos llaman la Primavera de Chile que surgió hace unos meses, quizás con posterioridad a la escritura del libro que celebramos hoy // Hay un poema de Gonzalo David allá afuera y se me ocurre que parte con la imagen de un gigantesco superman formado de pelusa de plátano oriental. O quizás empieza: La bala va para otro lado, Clark Kent no puede pagar un arriendo en el centro y tiene una pistola en la mano apuntando a la Democracia que le mintió y lo vio crecer. David tiene la palabra.

[Fuente: web Letras.s5.]

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