Un poeta adolescente de “Superhéroe” – Entrevista a Gonzalo David

[Por Matías Fuentes Aguirre]

Me hubiera gustado hacerles creer que esta entrevista fue en alguna cafetería hipster del barrio Lastarria en Santiago, con el aroma bohemio matinal característico que emana el Parque Forestal, matizado con el de nuestros supuestos cafés y tapaditos; pero no, fue coherente con lo que es Superhéroe: mediante el chat de Facebook.

Aunque, en realidad, la gestación de esta conversación no estuvo tan lejos de aquel lugar. Tuve el placer de conocer a su autor en la Cuarta Furia del Libro, que se realizó en el Museo de Arte Contemporáneo. Durante dos días, allí intercambiamos —además del saludo— vueltos, vivencias, proyectos y el esbozo de lo que leerán a continuación.

Gonzalo David apareció recientemente en el circuito de poesía independiente nacional tangible —entiéndase así por ostentar ediciones en papel con todas las de la ley— gracias a La Liga de la Justicia Ediciones con la publicación de Superhéroe. Este poemario inspirado en Smallville son vivencias emocionales personales con un toque contestatario. Esta respuesta a la “Novísima Poesía Chilena” se traduce en el reniego de las citas en inglés, en mostrar a un ser frágil en vez de uno indiferente; a una persona nerd y emocional en vez de un hipersexuado; a una realidad triste pero verosímil en vez de un hiperrealismo en decadencia; a una especie de “Venganza de los nerds 2.0” por parte de un “niño bullying” que logra crear un imaginario no yanqui (a pesar de las referencias a la serie sobre la adolescencia de Superman) donde los personajes más importantes son una “niña suicida” y “los chicos que no lloran”.

Además de su obra, hablamos de sus estudios de teología presbiteriana y su futuro como pastor, la realidad de la nueva literatura nacional y lo que es oficiarla.

Sin más, les dejo aquí parte de nuestra conversación:

¿Cómo has sentido el recibimiento de Superhéroe en tu círculo no literario?

GD: Ha sido bien recibido. La gente de mi círculo no literario tiene un interés súper fuerte por el arte y la cultura (y la posibilidad de redimirlo desde una cosmovisión cristiana). Existe un movimiento fuerte en los últimos años de acabar con la visión dualista del mundo dentro de la Iglesia Reformada Chilena.

Y rompiendo esa cosmovisión que dices dentro de la Iglesia, ¿cómo crees que ven a un “futuro pastor” en sus delirios adolescentes? ¿Simplemente como un ser humano que siente y que es él dentro del pequeño mundo del poemario?

GD: Lo ven proyectado implícitamente en el poemario. En todas las personas hay un deseo de redención que se manifiesta de distintas maneras. Todos de alguna forma intentamos encontrar ese sentido para el cual estamos aquí. El delirio suicida en Superhéroe es parte de eso, es la conciencia de ese vacío.

Pero ese sentido de redención no se ve tan explícitamente en las obras de tus coetáneos contemporáneos. Por ejemplo, Markos Quisbert (de tu misma casa editorial) predica un hiperrealismo que llega al punto de ser repulsivo, mostrando una realidad sobredigitalizada en donde el sexo y la soledad son un común denominador que por medio de la tecnología se busca exorcizar.

GD: Así es, y por lo mismo, en lo repulsivo lo veo claramente. En las poéticas del desborde de toda la novísima y post-novísima (ya que estamos hablando de mis coetáneos), el sexo y la soledad son las manifestaciones evidentes del sujeto desterritorializado que ha estado buscando redención. Incluso creo (por lo que se ve en su poética) que Quisbert está hasta cierto punto consciente.

Y tus contemporáneos, ¿cómo tomaron tu forma de hacer (tal vez) más sutil poesía.

GD: Siento un tremendo respeto de mis contemporáneos. He recibido buenas críticas. Tampoco he caído en lo ñoño. Evidentemente hay una fractura en el poemario, un dolor inmenso que compartimos gran parte de los proyectos escriturales de la última década. Quizás me gusta jugar más con la imagen de la fragilidad y la cultura pop, pero también es parte del proyecto en el que está embarcada la editorial (La Liga de la Justicia). Me gusta la intertextualidad, el sujeto poético que está en diálogo no sólo con lo literario; de ahí que se constituya también con otros elementos estéticos y escriturales.

Hablando de esa intertextualidad, llama la atención cómo logras con ciertos lenguajes una comunicación interesante con el lector (Los chicos que no lloran); algunos en que hasta reniegas de tus mismos contemporáneos, como con lo de las letras en inglés.

GD: Claro, por lo mismo se produce una complicidad súper fuerte con el lector. Como hace dos años leí el Manual para huir del cautiverio en un encuentro de poesía en Chillán, y una chica del público se me acercó para pedirme que le regalara la hoja de oficio donde estaba impreso (aún era un libro inédito). Y sobre la crítica a la adopción del inglés como parte del proceso globalizador, claro, el libro siempre se plantea como el choque entre la provincia y la ciudad; el discurso del hablante es desde la periferia.

¿Cómo ves la escena de la literatura independiente como provinciano, miembro de una editorial independiente y habitante de Sudamérica?

GD: La veo muy pobre. Harta diversidad de editoriales, soportes y espacios de difusión, y está muy bien, pero escrituralmente mediocre. Hay muy pocos autores que me llamen la atención, los mismos de siempre que siguen publicando y nuevos: Camilo y Sebastián Herrera (aunque les perdí la huella), Manuel Vallejos, Tito Manfred, Karen Hermosilla y Víctor Munita… y, mmm, sería.

Frente a lo mismo, ¿qué crees que le falta a la industria nacional para sea más convincente?

GD: Menos copete y más oficio. O quizás el término no sea “oficio”, pero veo que hay un excesivo interés por figurar y pasarla bien en los espacios de encuentro (hablo puntualmente de la literatura independiente), de sacar provecho, y poca seriedad, falta de lectura y ausencia de talleres que orienten en la creación de proyectos escriturales. Conozco demasiada gente que juega a ser poeta para viajar y carretear gratis, pero detrás hay carencia de rigurosidad y de propuestas estéticas fuertes.

¿Crees que se pueda formar un nuevo movimiento literario con los nuevos escritores independientes emergentes?

GD: En ese sentido, “lo postmo” (entendiéndose tal vez como la época en que estamos viviendo), particularmente en las letras, no es muy prometedor. Y es por eso que no creo que se pueda formar un nuevo movimiento. Lo último fue la “Novísima Poesía Chilena”, a principios del 2000, pero fue como respuesta al contexto político, al desencanto con la Concertación, entre otras cosas. Esta “generación” está totalmente fragmentada. Los puntos de encuentro son los espacios de difusión, nada más.

Sé que La Liga tiene contacto con Perú (imprimen los libros allá); no sé si será lo mismo con Bolivia. ¿Cómo ven nuestros vecinos del norte a la nueva literatura independiente?

GD: Claro, con La Liga tenemos una importante red de contactos en Perú y Bolivia (y si todo sale bien, pronto empezaremos a distribuir el catálogo en México), y nos damos cuenta que la realidad es más o menos parecida; se ha generalizado a toda América Latina, tanto que han existido algunos esfuerzos por crear un movimiento a nivel regional a partir de ese desencanto, pero ha sido en vano. Hay una red bastante grande e interesante de gente que está trabajando en la misma línea, pero no es más que eso.

Parte de eso, se ve en el nuevo título de La Liga un narrador mexicano. ¿Cómo llegaron a él? ¿Participaste en el proceso del libro como editor y parte del comité?

GD: No tengo idea, ésa fue pega de los directores, Mauro Gatica y Tito Manfred. Soy parte del comité editorial, pero no colaboré en el proceso de ese libro.

Volviendo a tu trabajo, ¿qué sientes que ya has ganado o logrado con Superhéroe?

GD: Mucha difusión y, aunque nunca le tuve tanta fe al libro, excelentes críticas. Me ha sorprendido gratamente la recepción de los lectores y críticos; he recibido varias invitaciones para presentarlo en provincia, e-mails de gente para felicitarme y pedirme el dato de los puntos de venta. En el proceso creativo he ganado también: Superhéroe fue algo así como el puntapié inicial para un proyecto de escritura aún mayor. Ahora estoy comenzando un libro que sería la continuación, Metrópolis, con un carácter totalmente diaspórico.

[Fuente: blog Literatosos.]

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