La descarnada visión de una nueva escena

[Por Felipe Ruiz]

Mi interés aquí es sostener un diálogo con el libro Cero Glamour, de Markos Quisbert, pero desde la perspectiva generacional más que individual. Lo digo a sabiendas de que esto es un presunto, pero incurro en el gesto dando por hecho de que Quisbert sí pertenece a una generación, y que dicha generación no tiene antecesores directos porque en cierta medida viene a instalarse en un territorio yermo en la literatura nacional, en un páramo. El libro, claro, tiene filiaciones con antecesores, como la poesía de Germán Carrasco, especialmente el libro Clavados, cosa que el autor confiesa en la dedicatoria de Cero Glamour. Pero sigo sosteniendo que este autor plantea un lenguaje que rompe con sus predecesores, sean éstos los autores de los noventa, incluido Germán Carrasco, los novísimos, e inclusive los autores más recientes que en su momento reseñé, como Ángela Barraza, Mario Borel, Marcelo Arce o René Silva Catalán.

Sobre la ruptura con estos últimos quisiera detenerme un poco. Se trata de una lectura simplemente, de un atisbo que parece medio infundado por la cercanía del trazo, pero que intentaré ejemplificar de modo somero. La literatura del último grupo de poetas, que yo llamaría, a falta de un nombre mejor, post-novísimos, tiene el carácter de post precisamente porque rompe con los presupuestos de la generación anterior entregándonos una poesía parsimónica y alejada de los grandes epopéyicos temas que rondaron la poesía de los novo. No está presente en ellos el tema de la ternura, de la infancia perversa ni la estética neobarroca de los textos de Héctor Hernández o Diego Ramírez. A mi modo de ver, Quisbert viene a demostrar que a la literatura de su generación, la misma de Mauro Gatica, Tito Manfred y mi compañero acá presente, Gonzalo David, no es tributaría ni de las afluentes del neobarroco novísimo ni de la literatura de los noventa, ni siquiera de los post-novísimos, sino que se nutre de fuentes que no son, y esto debo remarcarlo, no son “literarias” en sentido estricto.

Su fuerza radica en dar cauce a experiencias literarias que se afincan en la voluntad de romper con el cerco de la tradición impuesta, quiérase o no, por un circuito de autores circulantes; una tradición que posiblemente no tiene que ver con la tradición de una herencia puntual o un canon, pero que de todos modos tiene la fuerza de ser aquello que se gesta in situ. Los autores de La Liga de la Justicia (sí, ése es el nombre de la editorial a la que pertenece el libro de Quisbert) no pertenecen a ningún circuito, no son conocidos en esto que llamo la escena tradicional de la poesía ya no tan joven en Chile. La fuente de que se nutre Cero Glamour es un espacio de ficción autónomo, sin filiaciones, con marcados visos de erotismo y un tono duro y seco de administrar imágenes casi fotográficas.

No son, y esto debe quedar claro, por tanto, autores pretenciosos y los libros no aspiran a pretensión alguna. No son epopéyicos, porque en Cero Glamour no se juega, en verdad, ningún tipo de enmienda trascendental con la existencia. Es un libro que aspira a lo que Carrasco llamaría una mirada a sotto voce, y en tal sentido, no se juega en realidad aquí ningún tipo de estética. A diferencia de los post-novísimos, no se involucran demasiado los sentimientos, si es que por eso debemos indicar la visibilidad de un phatos, sino más bien, se juega aquí una poesía de barricada, de trinchera; lo que llamaríamos, en tiempos de penuria, una poesía de resistencia más que de avanzada, donde se dan cita un collage de imágenes que buscan escenificar una sociedad dispersa y en ruinas, sin mucha posibilidad, o impedida, de patentar o imaginar un futuro posible.

Celebro este libro y a los poetas de La Liga de la Justicia y agradezco la oportunidad de presentar este libro, tan necesario, crudo y estremecedor, pero que por lo mismo, viene a evidenciar lo estremecedor, y rudo, como diría Carrasco, de la realidad actual de nuestro país.

La Furia del Libro, 15 de diciembre de 2011.

[Fuente: web Letras.s5.]

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