Declaración pública en apoyo a Daniel Rojas Pachas y Cinosargo

la-foto-14En vista de las acusaciones de las que están siendo objeto Daniel Rojas Pachas y Cinosargo en Arica, por parte de ciertos personajes de la política local que no han hallado mejor forma de figurar en los medios que falsear los hechos y dejar en evidencia su pobre formación ética e intelectual, La Liga de la Justicia Ediciones desea expresar su más absoluto apoyo a quien consideramos un amigo y un actor protagónico del auge que ha experimentado la literatura del norte en los últimos años.

La denuncia realizada por el concejal Andrés Peralta (UDI) y secundada rastreramente bajo el procedimiento del lavado de manos por Ana Montiglio, directora del departamento de cultura de la municipalidad de Arica, es injusta y se encuentra completamente viciada en su fundamentación, ya que los aludidos no sólo distorsionan los acontecimientos a su conveniencia, sino además hacen gala de un grado de ignorancia que resulta lamentable viniendo de autoridades políticas. Lejos estamos de aquellos tiempos –pensemos en la antigua Roma– en que autoridad se entendía como el ejercicio del saber en beneficio de la res pública.

Como ya se ha explicado latamente, el taller de edición cartonera llevado a cabo por Cinosargo en la biblioteca de Los Industriales, estaba dirigido a jóvenes y adultos, personas con criterio formado, y fue el departamento de cultura quien unilateralmente y sin informar a tiempo a Cinosargo decidió ampliar la convocatoria a menores, sin considerar el límite de edad establecido por quienes impartirían el taller. A todas luces, una negligencia de la municipalidad, entidad que a través de Montiglio ha intentado desentenderse de su responsabilidad haciéndose parte de la maliciosa acusación hecha por el amigo personal en contra de Daniel y despachándose declaraciones como: “Ginsberg no debiera ser leído por nadie”. ¿Habrá leído esta señora al mentado autor o la única referencia que tiene sobre su obra son los balbuceos de Peralta, un perito en el estudio de la literatura norteamericana? No nos equivocamos quienes pegamos el grito en el cielo cuando nos enteramos de su designación como encargada de cultura. Conocíamos de sobra su mediocridad e incompetencia por su nefasto paso por la dirección del Consejo Regional de la Cultura y las Artes durante la administración Bachelet.

Es en ese escenario propiciado por funcionarios de la ilustrísima que acontece el único error achacable a la gente de Cinosargo: la inclusión por descuido de un cuadernillo de Aullido, de Allen Ginsberg, entre los de Richard Brautigan que se entregaron a los niños para su encuadernación y que una vez acabados, a petición de las bibliotecarias, los participantes pudieron llevarse a sus casas. Posteriormente, ese único ejemplar de Aullido –poema que por lo visto hasta el día de hoy genera escozor entre las peores mentes– iría a parar a manos de una madre, quien preocupada acudiría a la biblioteca a pedir explicaciones a los responsables del taller, quedando conforme con la respuesta recibida, al punto de autorizar a su hijo a asistir al día siguiente a la segunda parte de la actividad. Se trató, en resumidas cuentas, de un accidente que había quedado en la mera anécdota hasta la maquinación oportunista del honorable y que está muy lejos de ser motivado por las malas intenciones o la depravación, como ha acusado ridículamente ese bufón de corte pooobre. Un error que si no cedemos un solo centímetro al puritanismo, es meramente pedagógico –la lectura de un libro como Aullido supone una tarea, quizás, demasiado compleja para preadolescentes poco familiarizados con los textos poéticos– y no de índole moral, pues las obras de arte en cuanto objeto estético no son susceptibles de juicios valóricos. ¿Un error como ése, provocado por terceros y de orden puramente didáctico, justifica un asesinato de imagen como el que está sufriendo Daniel, justifica el daño moral causado a él y su familia? La respuesta es una sola.

No vamos a perder el tiempo tratando de explicarle a una pera que Ginsberg nunca fue vetado ni expulsado de su país; que su libro fue censurado, pero esa medida luego sería revertida tras un proceso judicial que en su dictamen reconoció el inmenso valor literario y la relevancia social de Aullido; que ese abominable homosexual es el poeta norteamericano más trascendente de la posguerra, figura central de la generación beat y autor de uno de los libros de poesía clave del siglo XX. Antes de eso habría que enseñarle a leer y escribir, y no tenemos tiempo para eso: la vida sigue y debemos continuar editando libros para ariqueños dispuestos a leerlos, los que por difícil que resulte creerlo a juzgar por las autoridades que nos gastamos, existen.

Sin exagerar, son días oscuros para todos quienes trabajamos por crear, promover y difundir el arte y la cultura en un descampado tan dejado a su suerte como Arica. Como si se tratara de un desierto post-apocalíptico a la manera de Mad Max, donde el más fuerte –nunca el más inteligente, siempre el más tonto– ejerce el poder para satisfacer sus propios deseos y pulsiones, nuestra ciudad parece terreno fértil para la irrupción de analfabetos como Peralta, que han hecho del oportunismo, la prepotencia, el abuso de poder, la mediocridad y la ignorancia, su fórmula para el éxito.

Pero Daniel no está solo, y por eso acá vamos a hablar en plural: porque amamos lo que hacemos y el lugar en que lo hacemos, no nos vamos a dejar amedrentar; no le vamos a dejar la pista libre a los payasos y boquiflojos; no vamos a permitir que los peores de Chile le pongan el pie encima a los mejores. Y cuando hablamos de los mejores, en el centro está nuestro compañero, cuya calidad humana y trayectoria profesional hablan por sí solas.

Nos despedimos deseando que pronto éste sea sólo como un mal sueño para Daniel y su familia, y el fin de todo este sketch de mal gusto, cuyo grotesque ha llegado al absurdo de iniciar una investigación policial sin pies ni cabeza. También exigimos disculpas públicas del honorable concejal Sr. Andrés Peralta, a quien ante la imposibilidad encefálica de que sea un aporte a la comunidad que supuestamente representa, le pediríamos que al menos se dejara de ser un lastre y se fuera a cazar fantasmas. Y a los ariqueños: hay que limpiar la casa.

Atte.,
Tito Manfred y Mauro Gatica,
editores La Liga de la Justicia Ediciones.

Desierto de Chile, 11 de abril de 2013.

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