Yo agarro la suerte y la muerte, así, por la palabra, por la maquinaria ruidosa de la palabra [1]

“Euforia” de Martín Acosta. La Liga de la Justicia Ediciones, 2013

[Por Pablo Lacroix]

Si pensamos en la noción discursiva que sostiene La Liga Ediciones, uno puede observar que en este equipo existe un perfil editorial que nos habla desde un territorio bastante singular y a la vez conflictivo, situando al lenguaje y a la escritura como una instancia rabiosa. Editar desde el margen, desde la periferia y la otredad (si nos ponemos académicos), resulta también un discurso estético y, cómo no, una postura cercana a los límites y lo que significa convivir o, simplemente, resistir en los límites. No es casualidad que estemos presentando este libro en un espacio que no se adhiere a los sectores geográficos propios de un lanzamiento de alguna editorial o autor de renombre, como lo son Fundación Neruda, GAM, museos o municipalidades X’s, cafés literarios con tradición “poética” o bares de alto costo que vinculan el jazz como agregado cultural y social. Tampoco es casualidad que esté con nosotros Matías Fuentes (editor en 404, editorial digital, indepe como debe ser y ubicada binariamente en Concepción). Tampoco es casualidad, claro está, que Martín Acosta, autor de este libro, Euforia, provenga de Chillán.

Estar lejos de lo centralizado que es este maldito país es una ventaja esta noche y, de hecho, debemos tener siempre claridad del asunto; La Liga se sitúa como una editorial que concuerda con lo ajeno y desde ese espacio-lugar aumenta su volumen. Ahora, si hablamos de la obra de Martín Acosta, de lleno nos preguntamos qué sucede con la palabra euforia y cómo se vincula con la línea editorial. Euforia es para nosotros sinónimo de bienestar o, más bien, la relación entre euforia y bienestar es aquella significación que se utiliza de forma más habitual por los hablantes (en especial por esos hablantes que consumen ciertas drogas); sin embargo, euforia también significa “capacidad para soportar el dolor y las adversidades”. Martín Acosta con este nuevo título asume que debe soportar la adversidad, al igual que la editorial, que es consciente de la lucha.

El poemario se divide en tres partes y cada una constituye un desafío. Aquí no estamos en la presencia de un libro de poemas, sino más bien ante un “ensayar la escritura mientras se ensaya con el mundo”, y de esta forma concibe relacionarse con la lírica. Martín Acosta en su texto introductorio, A modo de contacto, dice que “les quiere mostrar un trozo de él a Uds. (con mayúscula). Lo que él ha visto o le han mostrado tal vez sin querer”. Esa mayúscula en la palabra ustedes (palabra por lo demás abreviada) también nos abre otra perspectiva de este mundo; el sujeto lírico marca la importancia en el otro, en lo ajeno, y no en él. Le da prioridad al lector o a ese abismo que significa el escribir y dudar si alguna vez será o no leído. Es un libro que sugiere una propuesta que será entendida o rechazada.

“Escribir es una debilidad fuerte” nos dice Acosta más adelante y años atrás Gonzalo Millán nos dijo que “Queriendo/ luchar/ con la pluma/ escribes/ dinamita/ mojada/ con tinta” (Virus, 1987). Ambos nos hablan del conflicto del escritor, ambos plantean la enfermedad que significa la palabra, tal como ese Golem de Praga que alimentándose del verbo terminó mareado por tanta destrucción. Nos dice Martín en Euforia: “Bebiendo vino y pedaleando sobre lo grisáceo,/ tejiendo este chal de palabras con el entusiasmo/ de poder calentar a alguien”. El sujeto lírico está al tanto de su debilidad por antonomasia; es la gran batalla de este libro, derrocar falsos ídolos, mediar con el pasado, sobrellevar el presente y habituarse en el futuro próximo. La escritura es una debilidad fuerte, les repito, una debilidad que cuesta compaginar. E incluso hay momentos que parece hablar de nuestra generación (la que ni siquiera es generación), apelando a paradigmas, a situaciones que podemos ver incluso en esta misma sala: “Nadan en la más baja altura, es cosa de mirarlos/ chapotear de rodillas encima de un mar silabario”. Martín Acosta gusta de enredarse con el lenguaje y así hacerse parte de esta simbiosis deconstructiva que significa el sujeto moderno (para algunos posmo). La escritura y la autoría reflejan su condición innata que está lapidada por la crisis, pero aún así la defiende y trata de ubicarse en el territorio literario mediante la definición, apelando al lector, obligándolo a reconocer el carácter de la autoría o, más bien, de esta autoría: “¡Encuéntrame lector que mi paso es lento!/ No así mi sed y la anchura de mi ojo/ que tiene la tradición cazadora de las leonas”.

Con claridad, Martín Acosta pertenece a la línea implantada por La Liga Ediciones, una liga justiciera, rabiosa, atenta a la situación actual del medio, atenta a su condición periférica, escribiendo y editando desde el extremo. Recordemos también a Daniel Rojas Pachas, aliado de estos chicos, editor en Cinosargo, que es otro más de los platos fuertes del norte chileno. Otro más que apela a este sentido y lo asume con firmeza.

Mis energías para Martín Acosta en este nuevo proyecto; que la escritura siga, que la palabra cobre vida y que el lado oscuro de la fuerza lo acompañe.

17 de Mayo, 2013.

[1] Versos pertenecientes al universal Pablo de Rokha, del libro U publicado el año 1926.

[Fuente: web Letras.s5.]

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